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Principales componentes del gamestorming

Resumen

Como ya se ha visto anteriormente, el gamestorming es una técnica que puede aportar mucho al universo de la formación y el aprendizaje virtual. Sin embargo, no es cuestión de embarcarse en esta dinámica sin una preparación adecuada, puesto que podría tirar por la borda todo el esfuerzo.

Lejos de proponer una simple lista de juegos, Dave Gray, Sunni Brown y James Macanufo insisten en la importancia de dominar a la perfección las reglas del gamestorming antes de incorporarlo a una sesión. Descubra los cinco elementos que lo componen y maximizan las posibilidades de éxito.

Formulación de preguntas

Con independencia de la etapa del juego, es esencial dirigirla por medio de preguntas. Las preguntas estimulan la mente de los participantes, además de favorecer la diversidad de respuestas y, por tanto, de argumentos.

Los creadores del gamestorming han definido cuatro tipos de preguntas que orientan la experiencia:

  • preguntas de apertura;
  • preguntas de navegación;
  • preguntas de exploración,
  • preguntas de experimentación.

Preguntas de apertura

Se emplean al principio de la sesión y permiten definir el universo del juego, puesto que proponen la identificación en equipo de los temas principales que se explorarán durante el juego. Estas preguntas de naturaleza muy abierta —«¿Podrían definir el problema que intentamos resolver?»— definen la situación inicial y el objetivo del juego. Con la pregunta: «¿Qué les gustaría explorar?», el/la formador/a permite a los participantes enumerar todos los caminos posibles, con independencia de su viabilidad. Por su parte, cuando el/la director/a de juego pregunta: «¿Cuáles son nuestras mayores dificultades?», restringe el abanico de posibilidades para crear un conjunto más compacto que servirá de base para trabajar. El término «apertura» deberá materializarse ante todo en una tormenta de ideas lo más libre posible.

Preguntas de navegación

Se emplean en el transcurso del juego para reorientarlo y asegurar que todo el mundo esté en la misma sintonía. También son un instrumento a disposición de los formadores para asegurarse de que el grupo se siente bien y está en condiciones de seguir el desarrollo de los acontecimientos. Preguntas como «¿Vamos por el buen camino?» o «¿Este elemento nos ayuda a alcanzar nuestro objetivo?» permiten que todos los participantes vuelvan a centrarse. Si el/la formador/a pregunta: «¿Deberíamos anotar los elementos de nuestro debate para no olvidarlos?» o «¿El objetivo definido al principio del juego sigue siendo el mismo o deberíamos modificarlo a la vista de nuestras reflexiones?», pondrá en perspectiva el objetivo del juego con respecto a su evolución. De este modo, todos los participantes navegarán por el juego con el mismo rumbo y las mismas herramientas.

 

 

 Los autores sintetizan las preguntas por medio de un embudo de doble entrada

Fuente: Gamestorming

Preguntas de exploración

Permiten ahondar en los detalles. Reducen el alcance de análisis y describen las ideas abstractas para hacerlas concretas. Preguntas sencillas del estilo «¿Cómo funciona»? o «¿Podría poner un ejemplo?» obligan a los participantes a profundizar en sus ideas. Estas preguntas resultan muy interesantes de formular al principio de la fase de exploración.

Preguntas de experimentación

Permiten explorar todo el abanico de posibilidades. Su objetivo es descomponer un elemento o volverlo abstracto para, de este modo, crear puentes entre ideas inicialmente alejadas. Por ejemplo, un ordenador y un libro de arte se parecen en su peso. Por su parte, una báscula de cocina y un reloj conectado funcionan gracias a sensores. Algunos objetos o conceptos pueden coincidir en numerosos criterios. Las preguntas de experimentación también permiten imaginar usos desconocidos de un elemento a través de preguntas como «¿Qué otros elementos funcionan de la misma manera?».  Gracias a este distanciamiento, los participantes estimulan la imaginación.

Preguntas de cierre

Su finalidad es crear una convergencia de opiniones y la selección de soluciones. Permiten pasar a la acción y alcanzar un compromiso. Para eso, el/la formador/a puede preguntar a los participantes: «¿Qué objetivos son factibles? o «¿Qué misiones tendrá cada cual?».

Use artefactos

En el universo del gamestorming, un «artefacto» es un elemento físico que sirve para anotar las ideas. Puede materializarse en forma de pósits, tarjetas, folios o fichas de cartulina, por ejemplo. Lo ideal es que cada artefacto represente una idea.

Los artefactos se distribuyen en el espacio como se desee. Apilados, en un organigrama, siguiendo una secuencia, interrelacionados (en forma de mapa didáctico, por ejemplo), a modo de frontera (para exponer una dualidad a favor / en contra), en círculos… Mientras faciliten la comprensión e impulsen el desarrollo de las reflexiones, pueden emplearse en cualquier formato deseado.

Los artefactos también pueden adoptar la forma de imágenes o proyecciones si necesita dar forma a sus ideas.

La importancia de la imagen en el juego de La lancha motora

Fuente: Gamestorming

Ayúdese del lenguaje visual

En el gamestorming, operan todos los lenguajes. Además del texto o la palabra, están presentes signos, símbolos, imágenes, cifras, etc. E incluso se puede ir más allá con el diseño de personajes en movimiento (en 2D o 3D) o elementos en perspectiva… ¡No hay límites!

Al incorporar otra dimensión a los elementos, tanto los participantes como los formadores aportan otra comprensión.

Rienda suelta a la improvisación

La improvisación ofrece dos ventajas esenciales al gamestorming: demuestra la capacidad de reacción frente a imprevistos y favorece las variaciones alrededor de un tema. Para generar una tormenta de ideas eficaz y creativa, los participantes deben soltarse. Para eso, la improvisación —sobre todo teatral— les permite liberarse del pudor y dar rienda suelta a su propia creatividad. Teniendo en cuenta que el objetivo del ejercicio no siempre estará muy bien definido, es esencial confiar en su intuición y su ingenio para avanzar.

Perfeccione la práctica

Como cualquier sesión de juego, el gamestorming requiere cierta práctica. Los autores recomiendan probar varios juegos diferentes, conocer a fondo sus reglas y practicar con la mayor regularidad posible. Las soluciones milagro en la creación de nuevos métodos de trabajo no existen. Tan solo la práctica permite mejorar y, a la postre, inducir un cambio real en el modelo de reflexión.

Si domina estos elementos, el/la formador/a se asegura una gestión mejor del juego y el correcto desarrollo de la sesión, además de disponer de los medios más seguros para alcanzar sus objetivos. Los participantes suelen demostrar implicación, creatividad y apertura de miras en cuanto a nuevas ideas. Unas cualidades que permitirán afrontar con éxito los desafíos de una sesión de gamestorming.

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