La actualización de la formación: asignatura pendiente de la pedagogía

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Crónicas de un director pedagógico: capítulo 4

Este artículo forma parte de las «Crónicas de un director pedagógico», y en él abordo una cuestión que suele pasarse por alto en los equipos pedagógicos: la actualización de programas de formación. Como siempre, mi punto de vista surge de mi experiencia profesional y es parcial, tanto por subjetivo como por incompleto. Espero que, al menos en parte, puedas identificarte con él.

¿Es la actualización de los contenidos la gran asignatura pendiente?

Cuando pensamos en las funciones de un equipo pedagógico, nos vienen a la mente una serie de imágenes preconcebidas:

  • La de un equipo de proyecto (en ocasiones compuesto por una sola persona) dedicado al diseño de un nuevo programa de formación para el que a veces se utilizan, aquí y allá, términos rimbombantes, como «gamificación», «aula invertida», «micro-learning» o «aprendizaje adaptativo».

  • La de una especie de pulpo, con manos suficientes para gestionar cada uno de los detalles logísticos de una formación, desde los problemas de acceso de los alumnos hasta las sustituciones de formadores en el último momento. También nos sirve el símil de una navaja suiza.

  • La de un formador o formadora estrella, capaz de captar la atención de los alumnos y cambiar sus vidas.

Ahora bien, en los organismos de formación a menudo se subestima un aspecto clave para su propia supervivencia, pero que precisa tiempo, inversión y, sobre todo, organización: la actualización de los programas formativos.

¿Por qué es tan importante?

«Crear algo es muy importante, pero mantenerlo es fundamental»

Una formación rígida, por muy bien diseñada que esté, no tardará en quedar obsoleta. Por supuesto, cada ámbito es diferente, pero no es exagerar mucho afirmar que:

  • una formación en IA debería actualizarse cada semana;

  • una formación impartida por normativa podría tener que actualizarse varias veces al año;

  • una formación para responsables podría tener que actualizarse una vez al año o cada dos años si pretende integrar los nuevos entornos de trabajo (teletrabajo, repercusiones de la IA, intergeneracionalidad…).

Por supuesto, estos datos se aportan únicamente a modo de ejemplo, pero sirven para ilustrar que, aunque la actualización es necesaria, su frecuencia puede variar.

¿Y qué riesgos conlleva que una formación deje de estar alineada con las necesidades del mercado o la normativa? Un descenso en las ventas, una muy baja satisfacción y una credibilidad dañada. En resumen, no actualizarse es, directamente, trabajar para la competencia.

Actualizarse, sí, pero ¿hasta qué punto?

Al hablar de actualización podemos referirnos a diferentes realidades:

  • Retoques simples mediante la puesta al día de ciertos datos (por ejemplo, la publicación de un nuevo decreto) y, en ocasiones, la corrección de errores.

  • Una reestructuración parcial en la que, más allá del contenido, se revisa una parte de la planificación pedagógica, con la posibilidad de añadir, eliminar o mover algunos elementos del programa. Además, algunas modalidades pedagógicas pueden modificarse para adaptarse mejor a las expectativas de los alumnos.

  • Una reestructuración total del programa casi asimilable al diseño de un nuevo producto. Este caso puede darse al digitalizar un programa inicialmente presencial o al crear un curso a medida a partir de una formación que ya se ofrece. Si tiene sentido o no seguir hablando de «actualización» llegados a ese punto es debatible, ya que todo depende del alcance y de la profundidad de las modificaciones introducidas.

Peligros de una oferta demasiado amplia

De la mano de la actualización llega lo que podríamos llamar «los peligros de la oferta excesiva».

Los organismos de formación generalistas son los más expuestos a este riesgo, ya que muchos de ellos ofrecen cientos de programas de formación, o incluso llegan a superar los mil. ¿Y todos ellos se acaban impartiendo? Probablemente no, pero eso da para un artículo aparte.

Desde un punto de vista práctico, los organismos de formación se enfrentan al enorme reto de mantener actualizados todos sus contenidos para que sigan siendo relevantes desde el punto de vista pedagógico.

Hace falta tiempo para revisar, reajustar y enriquecer los contenidos en vista de la valoración recibida de los alumnos, de la evolución de los perfiles a los que van dirigidos o de la normativa.

Si hay algo que un alumno no va a tolerar es que se le ofrezcan contenidos obsoletos, o que ya no se ajusten a la realidad. Por suerte, disponemos de buenas prácticas que nos marcan el camino.

Buenas prácticas

Expertos

Un programa formativo suele surgir de la acumulación de conocimiento experto, y de la voluntad de transmitirlo, al menos en parte. Si no es este el punto de partida, nos arriesgamos a elaborar itinerarios desconectados de la realidad, excesivamente teóricos y poco aplicables; es decir, ineficaces.

En muchos organismos de formación, la responsabilidad de actualizar los contenidos pedagógicos recae sobre un experto en la materia, en colaboración con el equipo pedagógico. El conocimiento experto puede ser interno, aunque los organismos que recurren a profesionales especializados suelen externalizarlo.

En función del modelo económico del organismo, esta labor de actualización puede…

  • … integrarse en un paquete que incluya el diseño, la dinamización y la actualización del contenido;

  • … o bien prestarse y remunerarse como tarea individual.

En algunos casos, se opta por un sistema de royalties; es decir, el experto cobra un porcentaje de lo que se ingrese por la formación. Este modelo tiene la ventaja de que fomenta una implicación a largo plazo, dado que la calidad y vigencia del contenido repercuten directamente sobre el éxito (y, por tanto, sobre la rentabilidad) del programa.

Modularización

Un método muy utilizado para ampliar catálogo, a veces de forma algo artificial, es el de la modularización.

La modularización consiste en crear módulos independientes, diseñados para utilizarse en distintos programas. Algunos módulos son troncales (por ejemplo: fundamentos de la gestión), y otros pueden integrarse en diversos contextos de forma transversal (por ejemplo: optimización de la organización y gestión del tiempo).

Además de permitir adaptar los programas a las necesidades de cada alumno, esta estrategia también es muy ventajosa a la hora de actualizar contenidos. Y es que, cuando un módulo vale para varias formaciones, actualizarlo una sola vez permite integrar de inmediato todas las modificaciones efectuadas en el conjunto de los programas de los que forme parte.

Lo anterior se aplica especialmente a los entornos digitales. Actualmente, la mayoría de los LMS o LCMS permiten estructurar los contenidos en unidades pedagógicas, reutilizables en varios programas. Actualizar una unidad pedagógica en origen garantiza la puesta al día automática y simultánea de todas las formaciones que la incluyen.

Esta dinámica permite, por tanto, optimizar la gestión del catálogo formativo garantizando la coherencia y la vigencia pedagógica del contenido que se ofrece.

Actualización cíclica y continua

Un último consejo: evita en lo posible las estrategias tipo one shot, consistentes en actualizar de una vez todos los programas de formación, si no quieres enfrentarte a un problema de capacidad operativa.

Te recomiendo algunas alternativas interesantes:

  • Planificar una fase de revisión anual del programa (o con mayor o menor frecuencia, según su temática).

  • Efectuar puestas al día puntuales si se producen cambios importantes.

  • Analizar la pertinencia de una reestructuración pedagógica cada dos o tres años (o en función de la valoración de los alumnos).

Conclusiones

En un mundo en constante cambio, el organismo de formación que aporta valor no es el que busca la novedad a cualquier precio, sino el que sabe ofrecer una formación actualizada, sólida, coherente y útil. ¿Qué más se puede pedir?

Johann-Vidalenc- Digiformag Auteur

Johann Vidalenc

Después de haber trabajado en funciones de recursos humanos, luego en 2 OPCO, ahora apoyo a las organizaciones de capacitación en temas de calidad, certificación profesional, financiamiento y monitoreo regulatorio en el campo de la capacitación profesional. Decididamente centrado en las operaciones y las soluciones concretas, busco sobre todo hacer que las noticias de formación sean accesibles al mayor número de personas posible.

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