Neurodiversidad: un desafío pedagógico de calado para la formación profesional

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El término neurodiversidad surgió a finales de los años 90 para designar particularidades del desarrollo neurológico, y en especial las relacionadas con el espectro autista. Desde entonces, el concepto se ha ido ensanchando para incluir un conjunto más amplio de perfiles cognitivos, como el de las personas con ACI (altas capacidades intelectuales), TDAH/TDA (trastorno por déficit de atención con y sin hiperactividad), trastornos DIS (dislexia, dispraxia, disfasia, etc.) y, por supuesto, TEA (trastorno del espectro autista).

Definimos neurodiversidad, por tanto, como el término que engloba el conjunto de especificidades de aquellos perfiles neurocognitivos que «se salen de la norma». Y, sin pretender ser exhaustivos respecto a un concepto tan amplio, consideramos que «se sale de la norma» aquel comportamiento o desarrollo neurocognitivo que no entra dentro de «lo normal». 

Compleja cuestión, esta de la normalidad, tan relativa y dependiente de parámetros individuales y colectivos, de la sensibilidad y apertura mental de cada uno, de la percepción de la sociedad a nivel general, de su grado de civilización y sus circunstancias…

Y, sin embargo, hay que reconocer, a la luz de los avances científicos y conductuales que se han producido, que en la especie humana (y con mayor motivo en ciertos países europeos) algunos perfiles cognitivos se consideran «atípicos», o no se ajustan a lo que la mayoría espera. 

Igualmente, las personas con estos perfiles —a las que se presta más atención actualmente— requieren que se las entienda, observe y acompañe para avanzar hacia una vida en común en la que la inclusión deje de ser una teoría o una buena idea para convertirse en normalidad (valga la ironía).

Aunque todavía no hemos llegado a ese punto, es importante que nos replanteemos nuestras prácticas pedagógicas y nuestras estrategias para integrar mejor al alumno neurodivergente. Este, por mero desconocimiento de los demás, suele ser objeto de estigmatización o caricaturas, pese a que su potencial es enorme cuando somos capaces de ofrecerle un entorno propicio.

¿Por qué la neurodiversidad debe formar parte de la conversación actual?

La inclusión ha dejado de ser opcional, y en este momento en el que la formación profesional pretende responder a criterios de calidad y accesibilidad (en línea con los marcos de calidad vigentes en cada país), tener en cuenta la neurodiversidad se convierte en una necesidad estratégica, además de ética. Y es que un alumno que no encuentra su sitio dentro de un modelo pedagógico es un alumno que desconecta. 

Profundizar en lo que implica una «configuración neuronal atípica» en el aprendizaje, en la concentración, en la asimilación de conceptos y en la propia aplicación de lo aprendido constituye un desafío pedagógico de calado que va más allá de la mera inclusión. La clave está, principalmente, en velar por que confluyan todas las condiciones, medios, adaptaciones y enfoques para favorecer el funcionamiento del plan de formación.

Formar a adultos neurodivergentes requiere conocer a la perfección la forma en que la atención, la capacidad de memorizar, el tratamiento de la información o la gestión de las emociones pueden determinar el itinerario formativo del individuo. Además, hacer adaptaciones, lejos de crear «privilegios», mejora la experiencia del grupo en su conjunto. En eso consiste el enfoque del diseño universal de aprendizaje: en idear formaciones accesibles por defecto y apoyándose en las fortalezas de cada alumno para generar dinámicas completamente diferentes.

Formación de formadores: una herramienta esencial

La primera etapa es, por supuesto, la concienciación. Muchos profesionales de la formación ignoran a día de hoy las implicaciones de la neurodiversidad, ya sea por falta de información o de formación. Y, si bien es cierto que existen muchas iniciativas de acompañamiento de los niños, ¿no cabe plantearse que los niños de ayer son los adultos de hoy, con las mismas necesidades y dificultades? No hace falta que nos hagamos todos neuropsicólogos para asumir un enfoque pedagógico abierto, curioso y respetuoso.

Las herramientas y recursos están ahí, y también hay organismos que ofrecen formación específica. La interacción con las personas neurodivergentes, por último, es igualmente valiosa para dejar atrás posibles prejuicios.

Hacia una cultura de formación inclusiva

Integrar la neurodiversidad en nuestro trabajo significa reconocer que no hay una sola inteligencia humana, que el aprendizaje puede desarrollarse por vías diferentes y que la «norma» no es más que una convención social. También nos permite enviar un mensaje claro: que, como formadores, damos la bienvenida a todo tipo de talento, sin condiciones ni juicios. Esta es la postura que, más allá de lo técnico, define la auténtica valía del formador profesional.

Aurélie Fonta

Aurélie Fonta

Après 25 ans d’expérience dans le secteur de la formation professionnelle, Aurélie Fonta dirige depuis 10 ans Élance Formation, cabinet de conseils et organisme de formation, spécialisé dans l'accompagnement des acteurs de ce secteur dont elle est littéralement passionnée. Consultante, formatrice et auditrice, elle est engagée sur les sujets de la neurodiversité, de la pédagogie, de la qualité et de la transformation des pratiques professionnelles. Elle développe pour cela des accompagnants et des outils qui optimisent et qui font sens, avant tout ! Parallèlement à son activité, Aurélie Fonta est aussi auteure. www.blanchefonta.fr

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