Formación frugal: cómo conseguir más con menos y cómo hacerlo (mucho) mejor

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Durante años, un principio pareció imperar en el ámbito de la formación profesional: cuantos más medios movilizaba un programa, más eficaz parecía. Así, entre los años 2010-2020, y con la digitalización masiva de los organismos de formación, se impuso una especie de carrera por acumular recursos:

  • Más contenidos.
  • Más vídeo.
  • Más plataformas.
  • Más horas.
  • Más herramientas.

Esta lógica condujo a muchas organizaciones a incorporar más y más recursos, siguiendo la idea implícita de que un programa con medios muy abundantes sería, por fuerza, un buen programa.

Sin embargo, el contexto actual obliga a revisar dicho principio: la financiación es cada vez más limitada, las empresas controlan con lupa sus gastos en formación y los mecanismos públicos de financiación de la formación están cada vez más regulados. Al mismo tiempo, sigue habiendo enormes necesidades de desarrollo de competencias: según el Foro Económico Mundial, el 59 % de los trabajadores necesitarán formación de aquí a 2030.

A todo esto se añaden los desafíos relacionados con la sobriedad ecológica. ¿Es necesario que se desplacen veinte personas para una jornada completa si solo hacen falta dos horas de modalidad presencial? ¿Es imprescindible producir cincuenta vídeos si en realidad basta con cinco recursos específicos? Los recursos digitales no son, por sí mismos, la panacea: ciertos organismos públicos para la transición ecológica de países europeos señalan que sus ventajas medioambientales dependen del uso que se les dé, de cómo se diseñen y de su efecto rebote.

En este contexto, es importante empezar a barajar seriamente la opción de la formación frugal.

Formación frugal: menor cantidad, mejor calidad

El término «formación frugal» puede inducir a error.

La formación frugal no es una modalidad de formación «de segunda», ni se basa en el recorte automático en duración, costes o medios: consiste en diseñar un programa que no utilice más que los recursos realmente necesarios para el aprendizaje.

La idea es cambiar el foco, de…

«¿cómo gastar menos?»

a…

«¿de qué se puede prescindir sin que afecte al aprendizaje, a su aplicación práctica y a las competencias de verdad demostrables?».

Esta lógica bebe del concepto «innovación frugal», frecuentemente relacionado con el de jugaad innovation, consistente en satisfacer adecuadamente una necesidad utilizando únicamente los recursos necesarios. Aplicada a la formación, dicha lógica invita a salir de la espiral de acumulación para volver a lo esencial: los ejercicios, el feedback, la puesta en práctica en el entorno laboral y la prueba de desempeño.

La trampa de la acumulación pedagógica

En multitud de programas, el valor pedagógico de algunos de los recursos que se elaboran es escaso:

  • Interminables módulos de e-learning.
  • Recursos en PDF de cincuenta páginas que rara vez se abren.
  • Vídeos con un elevado coste de producción para explicar conceptos sencillos.
  • Clases virtuales en las que escasean las interacciones significativas.
  • Plataformas con todo tipo de funcionalidades pero que apenas se utilizan realmente.

Además, los recursos implican costes de diseño, producción, actualización, alojamiento, dinamización, seguimiento y mantenimiento.

El riesgo de la ineficacia pedagógica

Añadir contenidos no significa que vaya a mejorar el aprendizaje. Según la teoría de la carga cognitiva de John Sweller, el exceso de información o su estructuración inadecuada pueden activar inútilmente la memoria de trabajo y obstaculizar el aprendizaje.

En otras palabras, simplificar puede servir de estrategia pedagógica, siempre con la condición de que no implique una pérdida de calidad.

¿Cómo diseñar una formación auténticamente frugal?

Antes de incorporar un recurso, conviene plantearse cinco preguntas:

  1. ¿Qué competencia debe ser demostrable al término de la formación?
  2. ¿Qué actividad va a permitir realmente desarrollar dicha competencia?
  3. ¿Qué recurso es imprescindible para el éxito de dicha actividad?
  4. ¿Cómo se puede probar la aplicación práctica en el contexto laboral de dicha competencia?
  5. ¿De qué se puede prescindir sin que ello suponga un perjuicio apreciable en el aprendizaje?

Una regla muy sencilla

Si un vídeo, un PDF, una sesión virtual o una herramienta no contribuyen ni a la actividad, ni a la evaluación, ni a la aplicación práctica ni a la demostración de adquisición de competencias, es probable que estén añadiendo más complejidad que valor.

Frugalidad no es sinónimo de austeridad

Uno de los errores más frecuentes consiste en asociar frugalidad a reducción sistemática de costes, cuando no es ese el objetivo.

Una formación frugal puede incorporar sesiones presenciales, vídeo, una plataforma tipo LMS, IA o la participación de expertos externos.

En cualquier caso, cada recurso debe tener una utilidad pedagógica claramente identificada.

Ejemplo con la IA

La IA puede resultar muy útil para crear casos prácticos, adaptar enunciados, aportar un feedback inicial o personalizar determinados ejercicios; sin embargo, crear de forma automática decenas de recursos que nadie consultará nunca no tiene nada de «frugal».

La frugalidad no consiste, por tanto, en prescindir por prescindir, sino en priorizar.

Caso n.°1: sustituir una biblioteca de contenidos por un ejercicio práctico

Una empresa desea formar a sus responsables para la realización de entrevistas anuales.

El programa inicial incluye:

  • un módulo de e-learning de dos horas;
  • cuatro vídeos de expertos;
  • una guía en PDF de cuarenta páginas;
  • una sesión virtual de puesta en común.

Sobre el papel, el programa parece estar adaptado y bien diseñado, pero, a la hora de la verdad, una parte de los responsables no termina los contenidos y pocos vuelven a utilizar las herramientas que se les ofrecen.

Las estrategias frugales parten de la competencia que realmente se espera alcanzar: llevar a cabo una entrevista estructurada, útil y de la que se puedan extraer conclusiones.

Versión frugal del programa

  • Una ficha resumen de dos páginas
  • Una plantilla para preparar la entrevista
  • Un ejercicio práctico: entrevistar utilizando tres técnicas precisas
  • Una sesión colectiva de 45 minutos una semana después para poner en común las dificultades y recibir feedback

Los plazos para el diseño y el tiempo empleado por los participantes se reducen, pero la competencia esperada se trabaja en mayor profundidad y en situaciones reales.

Caso n.°2: mantener la enseñanza presencial allí donde realmente aporte valor

Sigue siendo muy común organizar formaciones que ocupan jornadas completas, pese a que no todas las actividades tienen por qué realizarse presencialmente.

Podemos fijarnos, por ejemplo, en una formación para hablar en público. En una lógica tradicional, dicha formación implicaría:

  • una jornada en el aula;
  • desplazamientos;
  • el alquiler temporal de un espacio;
  • gastos de cáterin;
  • mucho tiempo adicional a la actividad productiva.

En una lógica frugal, habría que identificar aquello que realmente justifica la asistencia presencial: la práctica, la observación, la corrección inmediata y el feedback.

Una organización más específica

  • Antes: autoposicionamiento en línea y subida de un vídeo de dos minutos.
  • Durante: media jornada centrada exclusivamente en simulaciones de casos reales y feedback.
  • Después: ejercicio práctico e impresiones entre pares en aula virtual.

La presencialidad no se elimina; se concentra en aquellos puntos donde resulta más útil que la formación a distancia: generar interacciones, permitir una observación detallada y aportar feedback inmediato.

Caso n.°3: aprovechar conocimientos internos antes de elaborar nuevos contenidos

Muchas organizaciones ya cuentan con recursos útiles, pero no los consideran herramientas para la formación:

  • Procedimientos internos
  • Preguntas frecuentes sobre la actividad profesional
  • Informes
  • Valoraciones recibidas
  • Expedientes anonimizados
  • Grabaciones de reuniones o llamadas

Cuando una empresa quiere incorporar a nuevos trabajadores, tiende a elaborar un nuevo programa. Una estrategia frugal consiste, sin embargo, en cartografiar los recursos ya existentes.

Ejemplo en un organismo de formación

Para incorporar a nuevos asesores de transición profesional, el programa puede apoyarse en llamadas anonimizadas a clientes, en ejemplos reales de expedientes, en un documento interno de preguntas frecuentes, en resúmenes ya elaborados o en testimonios de asesores con experiencia.

Los costes de producción disminuyen, pero la calidad pedagógica puede aumentar, dado que los alumnos se enfrentan a la realidad de la profesión y no a supuestos artificiales.

Caso n.°4: sustituir determinadas evaluaciones por pruebas de desempeño

El proceso de evaluación suele suponer una partida importante en los programas de formación: cuestionarios tipo test, pruebas intermedias, cuestionarios de control, simulacros de examen…

Aunque estas modalidades pueden resultar útiles para evaluar conocimientos reglamentarios o para proporcionar una determinada certificación, están más orientadas a medir la capacidad de memorizar que las competencias que realmente se ponen en práctica.

Una estrategia frugal consistiría, en cambio, en solicitar una prueba de desempeño.

  • Un responsable envía el informe de una entrevista real
  • Un comercial presenta la grabación de una reunión con un cliente
  • Un encargado de contrataciones comparte una oferta de empleo redactada tras la formación
  • Un formador presenta una actividad pedagógica impartida realmente

El valor de la prueba de desempeño

La evaluación no solo sirve como forma de control; además, tiene una utilidad directa en la actividad profesional y permite observar la aplicación práctica de los conocimientos en situaciones reales.

La frugalidad como competencia estratégica para los creadores de contenidos educativos

Las necesidades de adquisición de competencias siguen siendo considerables, y el Informe sobre el futuro del empleo 2025 muestra que, debido a las próximas transformaciones tecnológicas, económicas, demográficas y ecológicas, las competencias que exigen las organizaciones van a seguir cambiando. Además, el concepto de ecodiseño se abre paso poco a poco.

Dado que los recursos disponibles son limitados, los organismos de formación y las empresas tendrán que cambiar su forma de establecer prioridades.

La clave no está en elegir entre calidad y ahorro, sino entre complejidad inútil y eficacia pedagógica.

Conclusiones

Una buena formación no es la que más recursos emplea, sino aquella que permite aprender mejor únicamente con los recursos necesarios.

Johann-Vidalenc- Digiformag Auteur

Johann Vidalenc

Después de haber trabajado en funciones de recursos humanos, luego en 2 OPCO, ahora apoyo a las organizaciones de capacitación en temas de calidad, certificación profesional, financiamiento y monitoreo regulatorio en el campo de la capacitación profesional. Decididamente centrado en las operaciones y las soluciones concretas, busco sobre todo hacer que las noticias de formación sean accesibles al mayor número de personas posible.

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