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Adaptación de la formación a la discapacidad invisible: los trastornos específicos del lenguaje y el aprendizaje

Resumen

Cuando pensamos en formación y discapacidad, lo primero que se nos viene a la cabeza es el acceso para personas con movilidad reducida, es decir, si hay rampas, ascensor o puertas suficientemente amplias. Por suerte, cada vez con mayor frecuencia, la respuesta es SÍ.

Sin embargo, existe otra forma de discapacidad a la que debe prestarse atención y que resulta más compleja porque suele ser invisible: los trastornos del lenguaje y el aprendizaje.

¿A qué nos referimos?

Se trata de trastornos cognitivos como la dislexia —la más frecuente y conocida—, la disortografía, la dispraxia, la disfasia, la discalculia o el déficit de atención. Unos trastornos cognitivos que afectan a cerca de un 8 % de la población. Y si bien estos trastornos se detectan cada vez más y mejor en los colegios, lo cierto es que el alumnado adulto también puede presentar trastornos no diagnosticados y, por eso, guardar una cierta animadversión hacia las clases.

Por tanto, es probable que estas personas se enfrenten a la formación con un poco de miedo y será responsabilidad de los formadores asegurar que se sientan a gusto, además de adaptar la formación para favorecer la transmisión de competencias.

¿Qué debo hacer si desconozco si mis alumnos tienen trastornos cognitivos?

La idea es impartir una formación dirigida a todo el mundo que permita a estas personas descubrir que son competentes a pesar de que su trastorno les impida acceder a cierta información.

Ejemplo: si para un mismo material se realiza tanto una presentación esquemática del contenido como su desarrollo en oraciones más literarias, cada alumno/a encontrará el formato que mejor se adapta a su entendimiento. Esta es una verdad casi absoluta: hay quien prefiere los textos y hay quien prefiere los dibujos. De hecho, una persona con dispraxia no logrará comprender esquemas ni flechas, por lo que será incapaz de reproducirlos, mientras que se sentirá cómoda con la narración de historias. Por su parte, una persona disléxica tendrá más problemas con las oraciones desarrolladas. Los mapas mentales también son una herramienta interesante para comprobar si los alumnos han entendido bien sus explicaciones.

¿Y cómo gestiono el TDAH?

Estas personas sufren un déficit de atención con o sin hiperactividad asociada. Si se sientan delante de usted a día de hoy en una formación, es porque tienen controlado este trastorno, aunque no sin dificultad. Si ya es complicado para cualquiera mantener la concentración en una formación, mucho más para estas personas.

En este caso, lo primero que se debe hacer es diversificar las sesiones para restablecer la atención. También funciona permitir que los alumnos se muevan libremente con regularidad.

¿Y qué sucede con las actividades en grupo?

Lo ideal es permitir que cada persona asuma el rol que mejor potencie su valía. Por ejemplo, pensemos en grupos de tres. Cada equipo debe compartir un objetivo común, si bien sus miembros pueden repartirse las tareas: uno toma notas, otro las transcribe y otro las expresa oralmente. En esta configuración, cada persona cumple una función acorde con su capacidad. Sin embargo, esto no significa dejar que cada cual decida si participa o no en una actividad, puesto que nuestro cometido es acompañar el proceso de implicación en el aprendizaje. Además, las personas con trastornos DIS sin diagnosticar a menudo cuentan con estrategias de evitación desarrolladas en su época escolar (el rincón más discreto donde pasar desapercibidos) para no enfrentarse a ninguna situación de fracaso.

¿Y cómo pueden llegar mis materiales de formación a todos?

No dude en facilitar a los alumnos una versión digital modificable del material de apoyo. De hecho, es posible que algunas personas necesiten aplicar un interlineado doble o un tipo de letra específico para poder leer mejor. Del mismo modo, envíe fotografías de los esquemas que se realicen durante la sesión.

¿Y qué hago con el cuestionario de selección múltiple para la evaluación final?

Los cuestionarios de selección múltiple siguen siendo una herramienta de uso muy mayoritario en los procesos de evaluación porque son fáciles de corregir, permiten obtener estadísticas, etc. Sin embargo, no deben ser la única opción a disposición del alumnado. Por el contrario, podemos proponerles un esquema resumen para completar, preguntas abiertas de desarrollar o incluso un resumen oral.

Lo más importante: la amabilidad y la escucha

Al definir el marco de la formación, es importante que los alumnos sepan que no están allí para ser juzgados, sino para avanzar, y que podrán plantear sus preguntas o reformular los contenidos sin que nadie los ridiculice. De esta forma, será más sencillo lograr que se impliquen en la formación. No dude en favorecer encuentros cara a cara informales con aquellos alumnos que no se atrevan a tomar la palabra en público.

Adaptar su formación a las personas con trastornos DIS no incrementará demasiado su carga de trabajo y, en cambio, permitirá que todos los alumnos se marchen de la formación habiéndose beneficiado de ella. ¡Y quizás ayude a que algunos recuperen la ilusión por aprender!

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