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¿Cómo transforma la informática nuestra relación con la formación?

Resumen

¿Cómo transforma la informática nuestra relación con la formación? La respuesta afecta a tres ámbitos: del diseño al uso, pasando por la impartición. Por lo demás, cada cual que saque sus propias conclusiones.

Vale… el tema de este artículo no parece demasiado atractivo. Sin embargo, una cosa está clara: la informática transforma nuestra relación con el diseño, la impartición y el uso de las formaciones mucho más de lo que creemos.

Antes de lanzarnos a explorar estos tres grandes ámbitos de la formación (recordemos: diseño, impartición y uso), es necesario definir el término. La palabra «informática» se ha vuelto tan común que casi hemos olvidado su origen y su significado. Este término se acuñó por primera vez en 1957 bajo la pluma del ingeniero alemán Karl Steinbuch. Para él, era algo sencillo: informatik = procesamiento automático de la información. En definitiva, una máquina que procesa información por nosotros. ¡El esclavo perfecto de hoy en día! Pero dejemos a un lado la semántica y la historia para abordar ahora el tema que nos ocupa: ¿por qué la informática transforma la formación profesional?

¿Nos dirigimos hacia formaciones íntegramente autodiseñadas?

Antes que nada, el diseño. No hay que ser ningún genio para decir esto. Informática + diseño = ¡PowerPoint! Bromas aparte, aunque este software desarrollado por Microsoft en 1987 ya no sea ninguna novedad, cabe destacar que sigue siendo EL software más utilizado por los formadores. Aunque reconozco que esta información puede quedarse anacrónica. ¿Qué pasa con la inteligencia artificial? Probablemente, no pasará demasiado tiempo antes de que las formaciones de aprendizaje virtual se generen totalmente (fondo y forma) con ayuda de herramientas de IA.

¿Acaso alguien duda de que esto será así? «Heart on My Sleeve», ¿alguien conoce esta canción? Seguramente no… a pesar de que este título provoca sudores fríos en la industria musical. Se trata de un tema «compuesto» íntegramente por una IA en abril de 2023 imitando las voces de los artistas Drake y The Weeknd. El resultado es impresionante. La canción opta incluso a un premio Grammy. ¿Todavía hay algún/a incrédulo/a en la sala? Cada vez son más los medios de comunicación que se plantean usar la IA para producir sus contenidos. Para nosotros, los profesionales de la formación, la pregunta no es si la IA empezará a crear formaciones desde cero, sino CUÁNDO. Con todas las incertidumbres en términos de calidad, propiedad intelectual o, naturalmente, humanidad que eso plantea…

Formación sin profesorado: los informáticos ya lo hacen 

En cuanto a la impartición de formaciones, la contribución de la informática va mucho más allá —en mi opinión— de las herramientas de videoconferencia (Teams y Google Meet) o las aplicaciones de creación de recursos didácticos (p. ej., Kahoot, Mentimeter, Wooclap, Miro, etc). Desde hace ya varios años, el mundo de la tecnología ha convertido la formación en su revolución. Las aulas convencionales son cosa del pasado y se sustituyen por espacios desestructurados y flexibles, como las zonas de formación dentro de la Coding Factory —la escuela de código informático de la CCI de Paris—, que se enorgullece de su ADN de empresa emergente. Formar sí, pero no de la manera tradicional.

Hay facultades, escuelas y centros de formación que van incluso más allá y ofrecen formaciones sin formador/a. Sí, no se trata de ninguna broma… pero ¡que no cunda el pánico! Nadie va a perder su empleo. Simplemente, cabe señalar que este modelo funciona y crece a un ritmo vertiginoso. Cyril Ihssan, director de despliegue pedagógico dentro de O1 Talent, una empresa que ofrece cursos de formación en todo el mundo para futuros informáticos a partir de un único software que se adapta al nivel de los distintos alumnos, defiende este enfoque: «Nuestro modelo es fácil y rápido de implementar. Y los resultados hablan por sí solos: nuestros alumnos mejoran rápidamente sus competencias».

El programa formativo se imparte sin formadores propiamente dichos, sino que se basa en los principios del aprendizaje entre iguales y la inteligencia colectiva. Los alumnos avanzan en el programa a través de distintas series de proyectos individuales y colectivos de acuerdo con un sistema de puntos de experiencia. Prueba del atractivo de este formato innovador es que varias escuelas de Francia y el extranjero imparten este tipo de formaciones. Otro ejemplo similar sería el de la famosa École 42 de Xavier Niel, cuyo enfoque también se basa en la «autoformación» —según su propio sitio web— de los desarrolladores del futuro. Sin embargo, a pesar de que este modelo funciona, se limita en gran medida al mundo de la tecnología… de momento. Los formadores del mañana serán, ante todo, diseñadores y tutores.

Difusión ilimitada de las formaciones

Llegamos al último punto de nuestra trilogía: el uso (recordemos que los dos anteriores eran diseño e impartición). Para abordarlo, debemos echar un poco la vista atrás.

Nos situamos a principios de los años noventa. Acaba de descubrirse internet. ¿Cómo nos formamos? Principalmente, con libros y, por supuesto, con el conocimiento y la experiencia de los formadores.

Regresamos a 2023 y (casi) todo ha cambiado. Internet y, en especial, las redes sociales han avanzado mucho. El acceso al conocimiento es sencillo, inmediato y casi siempre gratuito. Por ahora, nada nuevo bajo el sol. Excepto por una cosa: al tiempo que Google permite acceder a cualquier tipo de información, cada vez es más factible formarse en línea para trabajos bien arraigados en el mundo real. Evidentemente, los alumnos todavía deben realizar prácticas, pero la formación propiamente dicha se cursa detrás de un ordenador. Aunque se trata de una revolución innegable, ¿puede considerarse realmente un avance? 

Así las cosas, queda claro que la informática está transformando profundamente nuestra relación con la formación. Desde el diseño automatizado hasta la difusión sin fronteras, pasando por una reinvención del cometido de los formadores, no cabe duda de que nos dirigimos hacia un mañana diferente. ¿Debemos preocuparnos o alegrarnos? ¡Cada cual decide!

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