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La evaluación del aprendizaje virtual evoluciona: ¿cuáles son las nuevas tendencias?

Resumen

Todos los formadores coinciden al afirmar que la evaluación de una formación es esencial y, sin embargo, muchos de ellos temen acometerla y, sobre todo, modificarla. En caso de que sea incompleta, escasamente popular o poco significativa, la evaluación puede dar una imagen final pésima de una formación. Realice un análisis crítico —pero indulgente— de su trabajo actual y, a continuación, consulte estas sugerencias para cuestionar su evaluación y encontrar una nueva fórmula.

Arrojaremos luz sobre dos estrategias atractivas que darán una vuelta de tuerca a su evaluación: el coaching y la autoevaluación.

Técnica n.° 1: el coaching

Más personal, extenso y profundo, el coaching es una excelente herramienta para la evaluación. Se trata de un enfoque realmente interesante si responde a dos objetivos:

  • Evaluación de la formación.
  • Mejora de la aplicación práctica, ya sea para que el/la alumno/a use más conocimientos o recurra a ellos durante más tiempo.

El principio del coaching es sencillo: una persona (el/la coach) acompaña a otra persona (el/la coachee), quien diseña el camino por recorrer. Los temas que se abordarán surgen del/la coachee, su experiencia, su entorno o su nivel de conocimiento. Por tanto, se trata de un itinerario imposible de trazar de antemano y esta característica lo hace particularmente interesante.

El coaching refuerza la formación mediante tres estrategias:

  • Repasos: el/la coach consolida los conceptos adquiridos en el día a día del/la coachee para su formación.
  • Criba de los aprendizajes: el/la coach destaca los conceptos que se deben retener en función del perfil de su coachee para que retenga la información más importante para él/ella.
  • Plan de desarrollo supervisado: hitos que crean una curva de progreso y hacen que el aprendizaje resulte más tangible.

De este modo, el/la coachee no pierde de vista aquello que es realmente importante para su mejor interés, sabe cómo aplicar estos conocimientos en su día a día y percibe su evolución para alcanzar un objetivo final.

Muy útil, pero bastante complejo de implantar, el coaching se prueba después de intentar otros enfoques diferentes. Por ejemplo, el/la formador/a puede revisar los formatos de sus evaluaciones, centrarse más en compartir experiencias o probar otras plataformas/recursos.

Técnica n.° 2: la autoevaluación

Naturalmente, para los formadores es imprescindible realizar evaluaciones regulares a lo largo de todo el programa de aprendizaje virtual. Y, si bien los conocimientos deben valorarse, no son los únicos indicadores clave de rendimiento que es preciso analizar. Las percepciones de los alumnos en cuanto a la formación y su contenido también son esenciales.

Por lo tanto, se recomienda crear un espacio para que el/la alumno/a se autoevalúe y examine tanto sus competencias como sus percepciones. Al experimentar un sistema de autoevaluación, los alumnos disponen de un espacio único para obtener una visión general de su perfil, sus aprendizajes y sus aspiraciones. De este modo, pueden desarrollar una actitud reflexiva y hacer un balance de su madurez profesional.

Esta autoevaluación incluirá preguntas sobre competencias, actitudes o preferencias para definir un perfil completo y realista.

En el contexto de un cambio de puesto o una mejora de aptitudes, la autoevaluación previa concreta los cambios que se producirán y las competencias esperadas. Cuando el/la alumno/a mide la distancia entre sus conocimientos actuales y los conocimientos que debe adquirir, se hace una idea más clara del camino que le queda por recorrer.

La solución de la autoevaluación es interesante, pero debe adaptarse en función del contexto y las expectativas. Funciona muy bien con equipos o cuando deben afrontarse cambios internos. En el caso de las formaciones individuales, su eficacia está por demostrar, pero merece la pena intentarlo.

El futuro de la evaluación de las formaciones digitales se encuentra en el componente humano: el seguimiento personalizado o la autoevaluación. Ambas soluciones aportan respuestas más completas, favorecen la puesta en práctica de los conocimientos adquiridos y vuelven a conectar a los alumnos con la formación.

Aparte de las dos soluciones indicadas, tome siempre a sus alumnos como punto de partida para revisar sus evaluaciones. Benefíciese de sus comentarios espontáneos, los argumentos empleados, las necesidades (in)satisfechas… Son sus alumnos quienes le ayudarán a mejorar su aprendizaje virtual y ofrecer un contenido cada vez más interesante y práctico.

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